En todo contrato bien estructurado hay ciertas cláusulas que funcionan como “columna vertebral” del acuerdo. Cuando faltan o están mal redactadas, aumentan los riesgos legales, económicos y operativos para las partes.

Identificación de las partes y objeto

Es indispensable incluir nombre completo o razón social, RFC, domicilio y la calidad con la que actúa cada parte (propietario, arrendatario, proveedor, cliente, socio, representante legal). Además, el objeto del contrato debe describirse con precisión: qué servicio se presta, qué bien se vende, qué inmueble se arrienda, con características, alcances y limitaciones claras.

Precio, forma de pago y plazos

El contrato debe indicar el monto total, la moneda, fechas de pago, método (transferencia, cheque, efectivo), anticipos, facturación y recargos por mora. También conviene definir qué pasa si hay retrasos: intereses moratorios, suspensión de servicios, resolución del contrato o penalizaciones específicas. En operaciones de largo plazo o variables, es recomendable prever ajustes de precio (por inflación, índice, revisión anual, etc.).

Duración, renovación y terminación

Toda relación contractual debe tener un plazo definido (fecha de inicio y de terminación) o, si es indefinido, señalar condiciones para ponerle fin. Es clave establecer si hay renovación automática, con qué anticipación se avisa la no renovación y en qué supuestos procede la terminación anticipada (incumplimiento grave, causas de fuerza mayor, cambios regulatorios, etc.).

Obligaciones, derechos y garantías

Las obligaciones de cada parte deben quedar detalladas: qué debe hacer, en qué tiempo, con qué estándares de calidad o resultados esperados. Asimismo, es útil señalar derechos específicos (por ejemplo, acceso a información, supervisión, uso de marca, confidencialidad) y cualquier garantía: depósitos, fianzas, garantías reales, pólizas jurídicas o retenciones, así como las condiciones para hacerlas efectivas.

Penalizaciones, incumplimiento y responsabilidad

Una cláusula esencial regula qué sucede ante el incumplimiento parcial o total de las obligaciones. Ahí se pueden incluir penas convencionales (multas, porcentajes sobre el valor del contrato), límites de responsabilidad, plazo para subsanar incumplimientos y supuestos en los que se permite resolver el contrato sin responsabilidad para quien sí cumplió.

Confidencialidad, datos y propiedad intelectual

En contratos de negocios, servicios profesionales, tecnología, franquicia o colaboración, la confidencialidad es crítica. Debe definirse qué información se considera confidencial, por cuánto tiempo se protege, para qué puede usarse y cuáles son las consecuencias de divulgarla. Si se generan contenidos, software, diseños o marcas, debe especificarse quién será titular de los derechos de propiedad intelectual y si habrá licencias de uso.

No competencia y no solicitación (cuando aplique)

En ciertas relaciones (distribución, franquicia, directivos clave, socios) conviene incluir restricciones de competencia. Estas cláusulas delimitan el ámbito geográfico, el plazo y el tipo de actividades prohibidas, procurando que sean razonables para que puedan hacerse valer. También puede añadirse la prohibición de contratar al personal clave de la otra parte durante o después del contrato.

Solución de controversias y jurisdicción

Todo contrato debe prever cómo se resolverán los conflictos: negociación directa, mediación, arbitraje o tribunales. Aquí se define el fuero o jurisdicción (por ejemplo, tribunales de cierto estado o ciudad), así como la ley aplicable si hay elementos internacionales. Elegir bien este punto puede ahorrar tiempo y costos en caso de disputa.

Formalidades finales

Por último, es importante incluir:

  • Declaraciones donde las partes afirman que tienen capacidad legal y que la información proporcionada es verdadera.
  • Domicilios convencionales para recibir notificaciones.
  • Número de ejemplares del contrato, idioma y prevalencia de versiones.
  • Firmas autógrafas o electrónicas, así como anexos que formen parte integral del contrato (planos, listas de precios, alcances técnicos, etc.).

Cuidar estas cláusulas esenciales y adaptarlas al tipo de operación (mercantil, laboral, inmobiliaria, corporativa) reduce riesgos y da certeza jurídica a todas las partes involucradas. En la práctica, revisar y negociar estos puntos con asesoría legal especializada es una inversión que previene conflictos futuros.

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