Los contratos son la base de cualquier relación de negocios e inmobiliaria, porque definen derechos, obligaciones y formas de resolver conflictos. Un buen contrato previene demandas, pérdidas económicas y rupturas comerciales.

Contratos clave en negocios

Contrato de compraventa mercantil:

Regula la venta de bienes o servicios entre empresas, fijando precio, forma de pago, entrega, garantías, penalizaciones por incumplimiento y jurisdicción aplicable. Este documento es esencial para evitar disputas sobre calidad, plazos y pagos.

Contrato de prestación de servicios:

Se utiliza cuando un profesional o empresa realiza una actividad específica sin crear relación laboral, definiendo alcances, honorarios, tiempos de entrega, confidencialidad y propiedad intelectual sobre los resultados. Es muy común en consultoría, marketing, servicios legales, TI y mantenimiento.

Contrato de distribución o suministro:

Regula la relación entre proveedor y distribuidor, fijando exclusivas, territorios, mínimos de compra, condiciones de crédito y causas de terminación. Un buen contrato evita problemas con inventarios, territorios y uso de marca.

Contrato de franquicia:

Permite al franquiciatario usar la marca, know-how y modelo de negocio del franquiciante a cambio de cuotas y regalías, incluyendo manuales, supervisión y estándares de operación. Suele incorporar cláusulas estrictas de confidencialidad y no competencia.

Convenios entre socios o accionistas:

Complementan el acta constitutiva, regulando voto, venta de acciones, entrada de nuevos socios, solución de empates, salidas y valuación de participaciones. Son clave para prevenir conflictos internos en empresas familiares y startups.

Contratos clave en inmuebles

En operaciones inmobiliarias, la claridad contractual es determinante para proteger el patrimonio:

Contrato de compraventa de inmueble:

Establece condiciones de transmisión de la propiedad: descripción del inmueble, precio, forma de pago, tiempos de escrituración, quién asume impuestos y gastos, y consecuencias del incumplimiento. Se apoya en la escritura pública ante notario, pero el contrato privado marca la ruta de la operación.

Contrato de arrendamiento:

Regula el uso temporal de un inmueble (vivienda, oficina, local), fijando renta, depósitos, duración, reparto de gastos, mantenimiento, causas de rescisión, penalizaciones y garantías del cumplimiento. Cuando está bien redactado, facilita la recuperación del inmueble frente a inquilinos morosos.

Contratos de promesa de compraventa:

Se usan cuando las partes aún no están listas para escriturar, pero quieren asegurar la operación. Fijan precio, plazos, condiciones (por ejemplo, obtención de crédito) y penalizaciones si alguna parte no cumple. Son comunes en preventas y compras financiadas.

Contratos de mediación o corretaje inmobiliario:

Regulan la relación con asesores o brokers, indicando comisiones, exclusividad, vigencia del encargo y casos en que se genera el pago. Evitan discusiones sobre quién “cerró” la operación y cuándo se devenga la comisión.

Cláusulas esenciales que no deben faltar

Independientemente del tipo de contrato, en negocios e inmuebles hay elementos que conviene cuidar siempre:

  • Identificación completa de las partes y su capacidad legal.
  • Objeto del contrato descrito con precisión (qué se vende, qué se arrienda, qué servicio se presta).
  • Precio, forma y fechas de pago, así como consecuencias por mora o incumplimiento.
  • Plazo, renovaciones y causas de terminación anticipada.
  • Mecanismos de solución de controversias (mediación, arbitraje o tribunales competentes).
  • Cláusulas de confidencialidad, no competencia y protección de datos, cuando proceda.

Trabajar estos contratos con asesoría jurídica especializada permite anticipar riesgos, adaptarlos a cada operación y dejar por escrito soluciones claras antes de que surja el conflicto.

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